¿A dónde viajan las utopías?
Samuel Su.
En una sociedad en donde el consumismo y la compulsión por el trabajo parecieran dominar todas las esferas del comportamiento del hombre y la mujer modernos, pareciera también no quedar espacio para las utopías o los sueños con una sociedad más justa, más humana y más solidaria.
Encontrar a un grupo de jóvenes y niños que recrean y colorean paredes sucias de su ciudad, a primera vista, nos podría remitir a nóveles grafitis, o jóvenes en busca de notoriedad o de pasar simplemente el tiempo. Si nos acercamos un poco más a ellos, descubrimos que algo no está encajando bien con el esquema de una sociedad competitiva y de libre cambio.
Desde hace algunos años, se vienen formando grupos culturales, de diversos géneros, que apuestan por una integración, no sólo de las artes; sino, con mayor interés, de la población en general. Ellos procuran un arte integrador, donde las tareas se comparten con la comunidad y se comparte también el resultado de esa misma integración. El arte así queda expuesto al paseante común y corriente quién lo asimila no cómo un elemento decorativo de su ciudad sino como un elemento que recrea su propia realidad y convive con él cotidianamente.
Así está la Fiesta Internacional de Teatro en Calles Abiertas donde mucha gente se une no sólo para participar de una experiencia de gestión comunitaria sino para participar del producto de su propia gestión, es decir, del arte en sí mismo, de una manera igualitaria, sin exclusiones.
Así mismo, jóvenes que lideran el pintado de murales y pertenecientes a diversos grupos u organizaciones artísticas; participan con su arte, su tiempo y su entusiasmo en el pintado de murales y calles de la ciudad; buscando no una transformación de la calle en sí, de su apariencia, de su aspecto, sino una transformación mayor, una transformación que vaya mucho más allá de la superficie de la calle, un transformación en la profundidad de las almas de las gentes.